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Frederic Prieto i Caballé


Frederic Prieto i Caballé fue una figura fundamental en la transición democrática de Cornellà de Llobregat. Los textos detallan su evolución desde el activismo católico y la teología hasta su liderazgo en formaciones políticas como el PSUC, destacando su labor como el primer alcalde democrático de la ciudad tras el franquismo. Se resalta su papel crucial en la mejora de infraestructuras urbanas, su gestión en la Diputación de Barcelona durante los Juegos Olímpicos de 1992 y su compromiso social como Síndic de Greuges.

Además de su faceta institucional, los documentos subrayan su persistente defensa del derecho a decidir y su influencia en el tejido asociativo local. En conjunto, los materiales ofrecen una visión integral de un hombre cuya trayectoria unió la lucha antifranquista con la construcción de una administración pública moderna y participativa.

La formación en Teología de Frederic Prieto fue el pilar fundamental que facilitó su transición hacia el pensamiento marxista, permitiéndole desarrollar una ideología que las fuentes describen como "comunismo cristiano". Esta influencia se manifestó a través de varios factores clave: el entorno de diálogo en el Seminario Conciliar de Barcelona (1957-1963), la práctica social temprana con la creación de la revista Euge y la organización Fiambrera, y una evolución natural hacia el compromiso político en organizaciones como Bandera Roja y el PSUC. Sus estudios superiores en Roma le dotaron de un bagaje intelectual sólido para articular sus convicciones éticas con la praxis política. En definitiva, su formación teológica fue el catalizador que le llevó a entender la fe como un compromiso de transformación social.


Activismo, detención y secularización

Frederic Prieto fue detenido por la policía franquista debido a su activa participación en la oposición a la dictadura desde el ámbito religioso y civil. El 1 de mayo de 1966 fue arrestado en una manifestación en el Paseo de Gracia de Barcelona mientras vestía sotana, un acto simbólico para visibilizar la oposición de una parte de la Iglesia al régimen. Esta detención lo convirtió en uno de los primeros sacerdotes detenidos por el franquismo y provocó que las autoridades lo incluyeran en la lista de los catalanes más vigilados, bajo el perfil de "progresista, catalano-separatista".

La decisión de Frederic Prieto de secularizarse y dejar el sacerdocio en 1969 fue el resultado de esta evolución personal y la represión sufrida. Los motivos principales fueron el impacto de su detención, el rechazo a la paga que el Estado otorgaba a los sacerdotes y el deseo de integrarse plenamente en la lucha política clandestina. Al dejar los hábitos, comenzó a trabajar en la editorial Fontanella y contribuyó a crear la Comisión de Barrio del Guinardó. Este paso fue necesario para ser coherente con su activismo, permitiéndole centrarse totalmente en el movimiento vecinal que más tarde le llevaría a la alcaldía.


El desembarco en Cornellà y el liderazgo vecinal

Su llegada a Cornellà a principios de los años 70 fue un paso decisivo. Fue enviado por la organización Bandera Roja en 1971 para actuar como enlace con los activistas locales. Se estableció en el barrio de Sant Ildefons, un suburbio que había crecido de forma descontrolada como ciudad dormitorio. Desde su llegada, promovió la Comisión de Barrio y estableció vínculos con el sindicato Comisiones Obreras.

Su presencia fue clave para recuperar la Asociación de Vecinos de Sant Ildefons, que en aquel momento estaba controlada por el ayuntamiento franquista. En 1974 se convirtió en su presidente, transformándola en un referente de la lucha por servicios e infraestructuras básicas. Prieto no llegó a la ciudad por azar, sino como parte de una estrategia política para fortalecer el movimiento obrero en una de las zonas con mayor conflictividad social del cinturón metropolitano.


La alcaldía: desafíos y gestión del patrimonio

Al asumir la alcaldía en 1979, Prieto enfrentó desafíos monumentales: una deuda heredada de 500 millones de pesetas, altas tasas de desempleo que alcanzaron las 9.000 personas y una carencia absoluta de servicios básicos en barrios masificados. A esto se sumó la inestabilidad política interna por la escisión del PSUC. A pesar de estos retos, su gestión se centró en la participación ciudadana para transformar la ciudad, creando escuelas, sistemas de saneamiento y recuperando el patrimonio histórico.

Dentro de este paquete de medidas de urgencia, destacó la protección de edificios como Can Gaya y el Castell del Borni, así como la creación del Archivo Histórico de Cornellà. Junto a Joan Tardà, elaboró el primer catálogo de patrimonio protegido de la ciudad. Su compromiso continuó años después como presidente de L'Avenç de Cornellà, asociación dedicada a la defensa de la cultura local.


La etapa del PSUC: Del triunfo electoral a la gestión de la precariedad

En las primeras elecciones municipales de 1979, el PSUC obtuvo una mayoría absoluta histórica con 13 de los 25 concejales (46,2% de los votos). A pesar de este dominio, Frederic Prieto demostró su talante conciliador al optar por un "Ayuntamiento de Unidad Democrática". Este gobierno incluyó inicialmente al PSC y a CiU con el objetivo de asegurar la estabilidad institucional en un periodo de máxima fragilidad política.

Sin embargo, el equipo de gobierno —formado por activistas muy vinculados al tejido asociativo— se topó con una realidad desoladora. Tuvieron que levantar la administración municipal prácticamente desde cero en una ciudad que había crecido de forma "salvaje" durante el franquismo. Los obstáculos financieros eran asfixiantes:

  • Deuda heredada: 500 millones de pesetas que hipotecaban cualquier actuación inmediata.

  • Déficit de servicios: Una enorme concentración de habitantes que carecía de las infraestructuras más básicas (alcantarillado, iluminación o escuelas).


Filosofía de gestión: Creatividad y calle

Ante la falta de recursos económicos, Prieto exigió a su equipo "creatividad e imaginación" para transformar la angustia social en proyectos tangibles. Esta etapa se definió por dos pilares fundamentales que marcaron el estilo de la nueva política local:

  1. Participación ciudadana: Se fomentó que los vecinos dejaran de ser sujetos pasivos para involucrarse directamente en las decisiones del consistorio.

  2. Recuperación de la memoria: Se rescató la historia de la lucha antifranquista para que sirviera como cimiento moral de la nueva democracia.


Logros urbanísticos y sociales

Bajo esta administración, Cornellà comenzó a adquirir su fisonomía actual a través de proyectos de urgencia que hoy son pilares de la ciudad:

  • Saneamiento: Construcción de colectores de aguas fundamentales en barrios como Almeda, Fontsanta, Camp Empedrat y Fatjó.

  • Equipamientos: Creación de las primeras escuelas públicas de la democracia y parkings municipales.

  • Cultura y Patrimonio: Nacimiento del Festival de Pallassos, el saneamiento de las cuentas públicas y la protección de joyas arquitectónicas como Can Gaya o el Castell del Borni.


El fin de una etapa y reflexiones finales

En su libro La glòria i el poder (2008), Prieto analiza los factores que llevaron al fin de su mandato. Señala principalmente la crisis interna del PSUC, que pasó de 800 afiliados a solo 25 en la ciudad, y el empate electoral de 1983 con el PSC. Estas circunstancias lo obligaron a pactar una coalición que incluía ceder la alcaldía a José Montilla en 1985.

En definitiva, su obra es una crónica de cómo las fracturas ideológicas de la izquierda y las presiones externas marcaron el fin de la primera etapa comunista en el ayuntamiento, cerrando un ciclo fundamental en la construcción de la Cornellà moderna.




Juan N. García Nieto

 
Juan N. García Nieto, un influyente jesuita y sociólogo catalán que dedicó su vida a la lucha obrera y la justicia social. A través de biografías y carteles conmemorativos, se documenta su transición desde una familia acomodada hacia un compromiso militante en barrios trabajadores como Cornellà. Los textos subrayan su papel fundamental en la creación de movimientos como Cristianos por el Socialismo y su participación activa en sindicatos y partidos de izquierda durante el franquismo. Se destaca su labor intelectual en el estudio de la juventud trabajadora, así como su incansable defensa de los marginados y las víctimas de la dictadura. Finalmente, los materiales rinden tributo a su legado mediante la Fundación Utopía, preservando su memoria como un referente de coherencia entre la fe y la acción política.

Joan N. García-Nieto París nos dejó un 23 de julio de 1994, hace 25 años. Para los que lo conocimos es una ocasión para recordar su papel y lo que representó para el Baix Llobregat, pero también un momento para hacerse la pregunta sobrecogedora y sincera que me hacía un amigo ¿Quién recuerda hoy a Joan y lo que él representó?





Hay que reconocer que hoy pocas personas saben quién fue y lo que representó Joan y desconocen las luchas sociales de la comarca, las que la singularizaron los años 70 y 80 del pasado siglo en el entorno metropolitano de Barcelona y que conformaron, en buena medida, lo que es hoy. Hay que decir que si hoy el Baix es una tierra de progreso y, en cierto modo, un paradigma de inclusión social y diversidad cultural, responde a que la vieja utopía que pensaba Joan ha sido una realidad en la transformación de la comarca.

Claro que Joan, si me escuchase, mostraría su desacuerdo y me corregiría, diciendo que él fue uno más de entre la gente sin voz, uno más dentro de una acción colectiva que se resistió a ser gente subalterna convertida en mano de obra barata para la industria y los servicios dentro de un territorio subalterno. Porque él era y quería ser uno más en el Baix de los iguales, un sueño compartido de Joan y de mucha gente que le quería. Aquella gente que entonces pensaba y luchaba por una utopía: un Baix Llobregat de progreso y moderno, respetuoso de sus diversas identidades, pero sobre todo inclusivo, que no dejara a nadie atrás; una comarca de todos, de los que ya estaban y los venidos de otras tierras.

 “ÉL ERA Y QUERÍA SER UNO MÁS EN EL BAIX DE LOS IGUALES” 

Joan promovió siempre valores. Desde la escuela de formación social del Baix para jóvenes y sindicalistas, en su compromiso personal con las CC.OO. clandestinas y en Bandera Roja primero y en el PSUC. No era un agitador. Su tarea se dirigía a ampliar el conocimiento de las personas, dotandolas de capacidad de análisis de su entorno laboral y social; conocimiento de la empresa capitalista, de la historia de los movimientos sociales, de contacto con el movimiento sindical europeo y del tercer mundo, de las últimas teorías y análisis de los movimientos sociales, y siempre en contacto con líderes sindicales y políticos alternativos de todo de Europa y del mundo.

Joan ayudaba al movimiento sindical y social a ampliar su enfoque, poniendo en contacto las luchas del día a día con otras referencias, a fin de ampliar su alcance para que su mayor impacto permitiera mejoras concretas y una mayor acumulación de fuerzas. Asimismo, ayudó a abrir canales de solidaridad y alianzas con las luchas sindicales de otros sectores acomodados económicamente, interpelándolos para conseguir su solidaridad cristiana y/o democrática. 

 “AYUDÓ A ABRIR CANALES DE SOLIDARIDAD Y ALIANZAS CON LAS LUCHAS SINDICALES DE OTROS SECTORES ACOMODADOS ECONÓMICAMENTE“

En su sentido más amplio, Joan cuidaba a su gente de Cornellà y de todo el Baix Llobregat, pero siempre fue uno más en las luchas, aportando sentido sobre su alcance último, como elemento de transformación y cambio. Lo hacía desde su doble dimensión de cristiano e intelectual. Fue un pensador del sindicalismo y del movimiento vecinal y un luchador más entre los constructores de la comarca actual, de la que hoy podemos disfrutar. 

El Baix Llobregat es el resultado de las ilusiones, los sacrificios y las luchas de ayer, de los que colectivamente querían conseguir derechos políticos y sindicales, mejoras en la calidad de vida y mejores salarios. La vida institucional democrática, el estado del bienestar y su protección actual son su mayor conquista. Todavía, sin embargo, queda camino por hacer, pues no se ha conseguido acabar con las desigualdades y las injusticias y la marginación. El hecho de poder disfrutar de las conquistas de las luchas de ayer nos compromete a seguir luchando por nuevas utopías, ante los retos presentes e injusticias de cada día.

 “EL BAIX LLOBREGAT ES EL RESULTADO DE LAS ILUSIONES, LOS SACRIFICIOS Y LAS LUCHAS DE AYER” 

El recuerdo necesario de Joan no debe ser un ejercicio de nostalgia, de agrandamiento o mitificación de su persona. No se corresponde ni a su sentir ni a su actitud vital. Su memoria, más bien, nos interpela y nos llama a luchar por nuevas utopías, ya que aún las desigualdades y las injusticias marginan a muchas personas de la vida ciudadana. 25 años después tu compromiso es nuestro. 

Francesc Castellana i Aregall. 
Presidente de la Fundación Utopía


La honestidad de un compromiso por la utopía

Observar el pasado para atisbar el futuro, esta es una frase que bien podría definir perfectamente la memoria democrática de las CCOO (Comisiones Obreras). ¿Podríamos a su vez usarla para definir a alguien que atisbó el futuro para cambiar el presente?





Decía Gramsci que: "El paso de la utopía a la ciencia y de la ciencia a la acción. La fundación de una clase dirigente equivale a la creación de una concepción del mundo”.

Creo que esta frase puede definir bien lo significó Joan N. García-Nieto para CCOO y para el Baix Llobregat, una persona comprometida, que pensaba utopías y que formaba consciencia de clase.

Se cumplen 25 años de la muerte de Joan N. García-Nieto y, a pesar de eso, su pensamiento político y su aportación teórica en términos de cambio tecnológico, migraciones, juventud, reparto del trabajo, salario o renta mínima, entre otros sigue siendo de rabiosa actualidad.

García-Nieto, “el Cura rojo”. Cristiano, activista, político, investigador social y sindicalista, fue un exponente importante del movimiento obrero y de la lucha antifranquista, comprometido con la lucha de “los que no eran nada” que se erigió en un referente para una izquierda que entiende la política desde un cuestionamiento crítico permanente, como una acción colectiva contra corriente, una política de transformación dirigida hacia los más débiles de un espacio concreto, como era el barrio de Sant Ildefons de Cornellà.

García-Nieto fue un visionario, un adelantado a su tiempo, que desde el compromiso militante tejió en el ayer los problemas del hoy, vislumbró los retos y el futuro del movimiento obrero para desgranarlo y plantear alternativas a las problemáticas que nos depararía la evolución del factor trabajo. También hizo una aportación destacada al sindicato en la comarca. La formación de los trabajadores y trabajadores y entenderla como una potente herramienta de transformación de realidades concretas y de empoderamiento de las condiciones para poder ejercer mejor su función de representación en la empresa y en la sociedad.

También nos ayudó a asentar una idea muy presente en los valores de CCOO como es la necesidad de reforzar el sindicalismo sociopolítico. García-Nieto creía en un modelo sindical capaz de representar a las personas trabajadoras en paro, pensionistas, a los jóvenes, a las mujeres o a las personas inmigradas. Un sindicalismo abierto a nuevas realidades, a nuevos movimientos y nuevas expresiones sociales que hoy interactúan y tienen como gran reto combatir el paradigma de la precariedad y la pobreza laboral.

Su vida es un compendio de luchas y una articulación de compromisos. En el año 89, al recibir la medalla de Oro de la ciudad de Cornellà, expresó:

Hay cuatro, cinco cosas a las que no he renunciado y no quiero renunciar: En primer lugar, hijo de Catalunya, viviendo en Cornellà durante 25 años, y al mismo tiempo identificado con los que han venido de fuera buscando un hogar, buscando el pan, buscando el trabajo…. En segundo lugar, no renunciaré a ser un hombre de fe cristiana vivida en el seno de la comunidad de base de Cornellà, de los movimientos de la comarca, de cristianos por el socialismo… Tampoco renuncio a continuar siendo hijo de San Ignacio, con una Compañía con vocación de frontera, con vocación total de lucha por la justicia… Finalmente, ni renuncio ni los que estamos aquí renunciaremos, a nuestra militancia sindical, en mi caso en el seno de CCOO; en mi caso también, en el seno del Partit Socialista Unificat de Catalunya, pero luchando por una gran pluralidad entre toda la izquierda, entre los hombres y mujeres que queremos un mundo más solidario. 

 Estas palabras definen a la perfección la vida, comprometida y combatiente de García-Nieto, sindicalismo, militancia comunista, cristianismo y activismo social. Una figura indispensable. Su vida es una manera de entender el mundo, solidariamente; su figura, un efigie de responsabilidad, de luchas compartidas, de compromiso activo con su ciudad, con los más desfavorecidos y vulnerables, con los de su clase; su legado, un prisma para desentrañar el futuro mirando al pasado; su huella, una referencia para el sindicalismo de clase, un punto de partida para seguir tejiendo utopías.

Pol Mena Gironés. 
Coordinador de ACCIÓ JOVE – Joves de CCOO del Baix Llobregat